He tenido suficientes decepciones durante la vida. Sin embargo sigo en camino, y eso me alegra. Tengo gente que me da ánimo, y me tengo a mí, creo que eso debiese bastar.
Ahora, queda el largo paso, difícil por cierto, de dejar atrás. Sé que hace un par de tiempo dije, ya está olvidado, pero no es así, sin embargo hoy me paro de frente y digo "debo avanzar", y eso haré.
El fin de semana pasado tuve un hermoso fin de semana, no largo, pero hermoso de todas maneras. Con César fuimos a una Trattoria, de ésas de verdad, no los rasquerios que hay en los malls, ésas de verdad donde te sirven vino de la casa, y todo es con aceite de oliva natural de los árboles plantados en su patio.
Fuimos al Calypso, un local que queda en Camino El Volcán, San José de Maipo, llegamos aproximadamente a las 12:30, y ya estaba lleno, es una finca con un cerro, una laguna y varias casas dentro. Cuando entramos, nos dimos cuenta que estaba lleno así que nos estacionamos en algún lugar con sombra, ya que el día estaba completamente soleado y nos dimos ánimo de esperar, sin embargo al apuntarnos con la anfitriona nos señaló que había una mesa disponible para 2 adentro del restorán (ya que puedes almorzar en la terraza), así que accedimos a entrar.
Dentro el local es muy lindo, lleno de pinturas, con un reloj de muralla de corteza de árbol, las mesas de madera, y todo muy acogedor. Afuera, hay muchas mesas, largas para familias completas y pequeñas para parejas, para la espera hay mesas de picnic y un mini bar, que ofrece bebidas, licores y postres en verano, y en invierno, sopas, mientras esperas para comer, puedes degustar algo rico mirando el hermoso paisaje.
Ya dentro, nos atendieron desde el primer momento en que nos sentamos, ricas aceitunas, aceite de oliva, mantequilla con albahaca y un pan de orégano, de aperitivo jugos naturales, ya que andábamos en auto, y de fondo para mí Canelonni de espinaca con salsa carbonara, más una copa de vino, César pidió unos Gnoccis con la misma salsa. Debo decir que sencillamente es la mejor pasta que he comido hasta ahora, ni si quiera los gnoccis de la tía Djennana son tan ricos, el plato más que gigante, César a duras penas se comió todo, yo me comí como 1/4 del plato, porque quería postre.
Postres, habías pasteles, los clásicos postres italianos y helados artesanales, yo me incliné por la torta calypso, que al final comimos entre los dos, era mucha, es una torta helada de arándanos con salsa de frambuesa y chocolate bitter, con una copa de mi vino, quedó maravilloso.
Luego de almorzar, decidimos descansar, y lo hicimos ahí mismo, nos fuimos a sentar y la verdad César se tiró en una hamaca, al costado de la laguna, mirando los patitos y colibries que se nos acercaban, mirábamos como familias navegaban en una balsa la laguna, y como las gallinas corrían de los niños, vimos como las abejas se posaban en las flores, y como los perros dormían al sol, fué hermoso. Luego de ello, nos fuimos al pueblo de San José, a ver unos regalos, ya que en la noche iríamos al cumpleaños de Fiorella, así que compramos unas cositas, y nos fuimos a su casa.
Ahí nos esperaba Karla y Fiorella, a quienes no veía desde mi cumpleaños en marzo, conversamos mucho, acompañadas de un rico asado.
Fue un fin de semana muy lindo, espero se repita pronto, y todo gracias a mi querido César, con quien disfruto el doble.
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